Carlos Dorn charla

Profesor Carlos Dorn analizó la importancia del proceso constituyente y sus resultados para el país

Académico fue parte de charla digital organizada por el Centro Cultural Vórtice.

Un detallado análisis sobre las características de la constitución chilena actualmente vigente, así como también del proceso constituyente y la importancia de los resultados del plebiscito nacional del 25 de octubre para el país, desarrolló el profesor de la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso, Carlos Dorn, en una charla digital organizada por el Centro Cultural Vórtice de Viña del Mar.

En la instancia, titulada “Importancia del proceso plebiscitario y sus resultados”, el docente UV indicó que “una constitución es relevante porque es la expresión del pacto social más importante que puede tener una comunidad social y política. Cuando las personas se juntan surgen relaciones de poder, y éstas requieren una respuesta para que exista una organización y vida estables, en paz social y con condiciones de justicia, y lo primero que debe responder la comunidad es que tenemos que darnos reglas para generar una convivencia sana, justa y pacífica”.

“Allí surgen dos cuestiones: quién va a fijar las reglas y la problemática del poder, desde una mirada económica-social. Por distintas razones, en una comunidad va a haber un grupo que va a tener la mayor parte de los bienes, recursos y medios de producción, y otros que. Aquellos que no los tienen, la única manera de acceder a ellos es entrar en relaciones de dependencia quienes tienen esos bienes y recursos, y así surge el problema de las cuestiones sociales, de las relaciones de poder en el ámbito económico-social, y he ahí también un pacto social. Así, una constitución debe a lo menos dar respuestas para construir una institucionalidad que regule ese poder de dominación social por razones económicas y sociales”, añadió.

Explicó que la constitución es relevante porque “responde cómo distribuimos y regulamos el poder, lo que nos va a dar como resultado que tengamos una buena sociedad, se construya sobre bases de justicia. Cuando el poder es distribuido de manera injusta, la historia nos muestra que pavimenta el camino hacia el abuso, la injusticia y la dominación de unos sobre otros. La idea del abuso está muy presente en este modelo construido en la constitución del 80, en la que las respuestas que da a esta problemática del poder son inadecuadas e intencionadamente injustas, por la manera en cómo se construyó esta constitución, sin participación de todo el conjunto de la sociedad, y con respuestas que se dieron para favorecer a una minoría a fin de concentrar el poder político y económico”.

“Se puede decir que la constitución, al igual que en el ajedrez, regula dos cuestiones centrales: define el tablero donde se va a contemplar el número de opciones para construir una sociedad y, en ese sentido, es más democrática en la medida que dé cabida a la mayor cantidad de cuadrículas. El problema de la constitución del 80 es que restringe el número de cuadrículas porque adhiere a un modelo político y económico muy injusto, donde hay un número restringido de movimientos que impide generar los cambios que el país reclama en términos de justicia política y social”, subrayó.

“Otro componente es que una constitución también es democrática no solo al contemplar varias casillas y movimientos, sino que además en el tablero cuando está justo colocado de manera horizontal, es decir, donde todos concurran y puedan competir en ciertas condiciones de igualdad. El problema que tenemos en nuestra constitución es que el tablero está inclinado, con una pendiente muy marcada para gran parte de la sociedad en que se le hace muy difícil poder participar en el proceso de toma de decisiones políticas y en el proceso de distribución del poder económico, de los recursos económicos. Entonces, la constitución diseña un circuito del poder compuesto por una serie de fusibles que dan cuenta de su inequidad e injusticia, permitiendo la concentración del poder económico-político en una minoría que le permite manejar el sistema en su conjunto, y manejarlo naturalmente para su beneficio y en desmedro y en abuso de una gran mayoría”, destacó.

Respecto a los fusibles, enumeró cuatro: “la constitución adhiere a un modelo de estado preciso y determinado, el estado subsidiario, que trata de igual modo todos los bienes y servicios, considerándolos bienes económicos que deben ser distribuidos según criterios de mercado; regula de una manera hiper fortificada el derecho de propiedad; privatiza bienes que son centrales tanto para sostener la vida como el desarrollo económico, como lo son el agua y los recursos minerales; se preocupa que materias centrales para la matriz del poder no puedan ser resueltas por la mayoría, sino que se le entrega a la minoría un derecho a veto, una posibilidad de obstaculizar, sometiendo esas materias a leyes, para cuya aprobación, modificación o derogación se requiere quórum calificado; y desconfía profundamente de los ciudadanos, por cuanto la posibilidad de que puedan pronunciarse sobre cuestiones centrales para la marcha del país por vía plebiscito”.

“El plebiscito del 25 de octubre es relevante no solo por el hecho de que la constitución por primera vez surja por vía democrática -porque el origen necesariamente democrático no garantiza que sea un buen texto constitucional-, sino que además porque el contenido de la constitución sea realmente democrático. De ello va a depender que tengamos las condiciones reales dentro de la convención constituyente para responder las preguntas centrales sobre el poder. Yo llamo a tomar conciencia que este acto plebiscitario es relevante porque se abre un momento no solamente para construir una constitución formalmente a través de miembros elegidos democráticamente, sino que porque tenemos que generar las condiciones para que aquellos que lleguen al órgano constituyente puedan dar respuesta al problema del poder, y generar las bases para que posteriormente se puedan desarrollar instituciones jurídico-políticas y económico-sociales que nos saquen de esta situación de desigualdad, y que nos permitan dar paso a un estadio civilizatorio mayor, como es ser un país desarrollado no solo en términos económicos, sino también sociales y éticos en el sentido del trato que los ciudadanos se merecen entre sí”, cerró.

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