Congreso de Libre Pensamiento (3 de 9)

Facultad de Derecho UV albergó Congreso Regional de Libre Pensamiento

En la jornada inaugural expuso el profesor de la Escuela de Derecho UV, Agustín Squella.

La Facultad de Derecho de la Universidad de Valparaíso albergó el Congreso Regional de Libre Pensamiento, convocado por la Asociación Internacional de Libre Pensamiento (AILP), y que contó con el apoyo de la Gran Logia de Chile y la UV.

El encuentro llevó por título “El Libre Pensamiento, frente a los retos actuales y futuros que desafían a la humanidad”, cuyo acto inaugural y ponencias centrales se llevaron a cabo en el Aula Magna Victorio Pescio Vargas, mientras que las mesas de trabajo tuvieron lugar en dicho espacio y en el Aula Luis Vicuña Suárez.

Durante la ceremonia de inauguración intervinieron Edgar Jarrín, director de la AILP para Latinoamérica; Aldo Valle, rector de la Universidad de Valparaíso; Jorge Sharp, alcalde de Valparaíso; Sebastián Jans, gran maestro de la Gran Logia de Chile; y Oriana Valdés, en representación de Carmen Mardones, serenísima gran maestra de la Gran Logia Femenina de Chile.

En la oportunidad, el rector de la UV indicó que “quiero en primer lugar dar la bienvenida a todos y a todas a nuestra casa de estudios, a esta Escuela de Derecho que, ya centenaria, ha hecho un gran esfuerzo a ser fiel a los principios que sugieren esas hermosas palabras de humanismo, laicismo y libre pensamiento. Con esto quiero señalar también que es un honor para la Universidad de Valparaíso los organizadores hayan definido que este sea el lugar en que acontezca el Congreso Regional de la Asociación Internacional de Libre Pensamiento. Las universidades públicas tienen responsabilidades precisamente en educación, que se deben inspirar en estos principios. Las universidades públicas no tienen una doctrina oficial ni un pensamiento institucional, precisamente para que la investigación, la imaginación y la transmisión de conocimiento, se hagan en condiciones de la mayor libertad, sin censuras de ningún tipo, sin adherir a proselitismo alguno, sin sujetarse ni tratar de someter a otro a algún tipo de ortodoxia, a algún credo determinado, sea metafísico o no, y ciertamente a ningún tipo de dogmatismo. Miren ustedes entonces la feliz coincidencia”.

“Si uno tuviera que mirar el proyecto educativo de nuestra institución, precisamente se encontraría con que estas expresiones, de humanismo, laicismo y libre pensamiento, sintetizan muy bien esa declaración fundacional por la libertad para pensar, y para cultivar finalmente esas mismas disposiciones del pensamiento, como actitudes de la voluntad, para que así entonces acojamos también la diferencia, la tolerancia y la fraternidad. A nosotros nos parece que solo guiados por esos principios, podemos cumplir con el sentido público de la forma más estricta posible: educar para que las personas ojalá tengan hábitos intelectuales que les ayuden a decidir por sí mismas, de manera independiente, con autonomía intelectual, para evitar, desde luego, quedar subordinados a las hegemonías o a las modas del momento. La educación, por lo mismo, sigue teniendo en estos principios su ruta principal”, cerró.

Las conferencias plenarias del Congreso Regional de Libre Pensamiento fueron dictadas por Agustín Squella, profesor de Derecho UV y Premio Nacional de Ciencias Sociales; Jorge Babul, académico de la Universidad de Chile; y Lucía Hidalgo, socióloga y representante de la AILP Ecuador.

Charla de Agustín Squella

La charla inicial fue dictada por el profesor de la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso, Agustín Squella, quien presentó el tema “Laicismo y Pensamiento Libre”, donde compartió reflexiones en torno a ambos conceptos. En la oportunidad, explicó la distinción entre pluralidad y pluralismo, destacando que la primera es entendida como simple diversidad, mientras que la segunda como  una actitud ante la diversidad, que la valora y está lejos de verla como mal o amenaza. Posteriormente, se refirió a la tolerancia pasiva y tolerancia activa, indicando que “la tolerancia es una virtud, y las virtudes son hábitos de bien, se refieren a conductas que estimamos  valiosas, pero que se adquieren por repetición. A mí me gusta siempre distinguir al interior de estas virtudes, una tolerancia pasiva y una tolerancia activa. La tolerancia pasiva es la más habitual, y consiste en resignarnos a vivir en paz con otros que tienen creencias, puntos de vista, sentimientos o modos de vida que son muy diferentes de los nuestros, que reprobamos incluso, pero frente a los cuales nos disponemos a convivir de una manera pacífica, sin que pueda ser posible que intentemos por nuestra parte imponerle nuestros puntos de vista, nuestras creencias o nuestros puntos de vista. La tolerancia pasiva es la tolerancia de la resignación. La tolerancia activa es mucho más exigente, consiste en advertir que hay otros que tienen creencias, sentimientos, ideas y modos de vida que no son los nuestros y que reprobamos, y acercarnos consciente y deliberadamente a esos otros, a entrar en diálogo con ellos, a darles razones en favor de nuestras creencias, puntos de vista y manera de vivir”.

“Por su parte, el pensamiento crítico no puede ser otra cosa que el resultado del ejercicio de la libertad de pensamiento, una de las tantas libertades conquistadas, no sin dificultad, a lo largo de la historia de la humanidad. Esa libertad nos remite a la libertad a secas, que es un concepto difícil de definir, pero que se vuelve menos complicado si en vez de preguntarnos por la libertad en singular, nos preguntamos por las libertades en plural. ¿Qué libertades tenemos los individuos de la especie humana? Digamos que hay una libertad de pensamiento, libertad de consciencia, libertad religiosa, libertad de expresión, de prensa, de movimiento, de reunión, de asociación, etc. La casa de la libertad entonces tiene muchas habitaciones, pero es más fácil identificar cada una de estas habitaciones que hacerlo por la vivienda en conjunto. Es más fácil identificar cada una de las libertades, o incluso explicarlas, que explicar qué es la libertad”, continuó.

“Para mí, la libertad de conciencia tiene que ver con la autonomía que se reconoce a cada individuo de la especie humana adulto, para llegar a formarse por sí, sin la intervención de ningún tipo de tutor, una idea acerca del bien, o de lo que es bueno desde el punto de vista moral, y de los caminos para realizar el bien, tanto en lo que respecta a uno mismo como en lo que respecta a los demás. A eso llamaría libertad de conciencia, la autonomía para formarnos cada uno de nosotros, una idea acerca del bien, de lo que es correcto desde el punto de vista ético, y de los caminos o vías que debemos intentar para hacer efectiva esa autonomía. Todos nosotros, a lo largo de la vida y de una manera no muy consciente tal vez, vamos trazando una cierta imagen moral de nosotros mismos, a las que queremos responder, y esa imagen moral que cada uno traza de sí mismo como un ideal, desde el punto de vista de la gestación de la misma, se vincula al hecho de que la libertad de consciencia de debe ser siempre autónoma”, explicó.

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