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Estudiantes y profesores de Derecho se movilizaron contra la violencia de género y el femicidio

Con la participación de alumnos y profesores de la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso, se realizó la Jornada contra la Violencia de Género, organizada por el colectivo estudiantil “Se me rompió el condón”, perteneciente a esa unidad académica.
Las actividades comenzaron con una manifestación en contra del femicidio, realizada en el frontis del edificio que alberga la Escuela de Derecho UV, que contempló la lectura de una declaración pública.
En ésta, los voceros del colectivo estudiantil manifestaron que “vivimos en una sociedad que pregona su gran desarrollo económico y su posicionamiento en el mercado, pero esto no se ve reflejado en el atentado que se comenten en contra de los derechos humanos, en especial hacia las mujeres”.
Agregaron que a la fecha “llevamos 48 mujeres asesinadas por hombres en Chile. La violencia contra la mujer es una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre hombres y mujeres, siendo el femicidio la máxima expresión de violencia contra las mujeres”.
Señalaron que “el machismo lleva a los hombres a sentirse con el derecho para controlar y agredir a las mujeres mediante la coerción, la amenaza, los golpes y la intimidación” y denunciaron además que la Ley de Femidicio “no da soluciones efectivas para prevenir y erradicar la violencia, sólo se enmarca en tipificar un delito, pero eso no implica que los hombres dejen de matar mujeres. La legalidad no siempre se traduce en un cambio cultural en la sociedad”.
La jornada continuó con la realización de dos conversatorios durante el día. El primero se denominó “Violencia institucional contra la mujer” y participaron el profesor de la Escuela de Derecho UV, Luis Villavicencio y la profesora de Sociología de la UV, Elisabeth Simbürger. El segundo, fue “Reproducción de la conducta patriarcal-heteronormativa en la comunidad LGBTI” y expusieron Solange Vásquez de la agrupación lésbica “Rompiendo el silencio” y Verónica Salinas, socióloga de la Universidad de Valparaíso.
Entre sus planteamientos, el profesor de la Escuela de Derecho UV, Luis Villavicencio, explicó que “la opresión estructural que sufren las mujeres, que les niega su calidad de agentes morales iguales a los hombres, es la causa más profunda de su marginación y pobreza. Mientras esa opresión subyacente, instalada en el corazón mismo de las sociedades en las que vivimos, no se modifique, no habrá cambios en las cifras” y precisó que esta violencia “se vincula directamente con la falta de independencia económica y moral de las mujeres, quienes suelen realizar los trabajos peor remunerados o valorados socialmente”.
También manifestó que “el derecho a la igualdad consiste en ser tratado con la misma consideración y respeto. Su justificación se deriva directamente de la atribución a todos los seres humanos de la idéntica calidad de agentes morales. Este ideal nos exige la remoción de cualquier obstáculo que niegue esa tratamiento, lo que suele denominarse igualdad formal”.
El profesor Villavicencio profundizó en que “la defensa de las libertades sólo tiene sentido en cuanto se corrijan materialmente las desigualdades que impiden que cada persona se trace para así autónomamente su proyecto de vida. Con lo anterior queremos enfatizar que cualquier teoría de la justicia mínimamente igualitarista debe ocuparse de una redistribución desigual de los recursos básicos para asegurar que todas y cada una de las personas gocen de las posibilidades fácticas que les permitan ser libres”.
“Sin embargo, prosiguió, aún queda otro ámbito por explorar: la igualdad de reconocimiento. Esta dimensión es especialmente relevante para remover obstáculos estructurales como los que han facilitado y consolidado la opresión de las mujeres en sociedades como las democracias constitucionales modernas que han avanzado decididamente, aunque con diferentes énfasis, en la dimensión formal y material de la igualdad. La omisión sistemática de la igualdad de reconocimiento se funda en el error muy extendido de que el principio de igualdad se vincula exclusivamente con la justificación de la redistribución de recursos económicos”.
Finalmente, el académico puntualizó que “las mujeres demandan, entonces, como grupo oprimido no sólo un decidido ataque a las desigualdades generadas por una injusta distribución de los recursos (no olvidemos que el 70% de los pobres del mundo son mujeres), sino también una remoción de los obstáculos que les impiden tener un igual reconocimiento de su identidad e individualidad en condiciones equivalentes a los varones. Mientras ello no suceda, las causas profundas -arraigadas en el patriarcado y el contrato sexual a través del cual las mujeres transfieren poder, energía y tiempo a los hombres- se mantendrán inalterables, la violencia contra ellas seguirá siendo justificada, explicada o minimizada y la relación con sus cuerpos culpabilizada y reprimida. Es nuestro deber perentorio, y como tal ineludible, contribuir a que el tiempo de los derechos se cristalice también para las mujeres”.

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