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Escuela de Derecho inicia conmemoración de sus 110 años con conferencia sobre el futuro del proceso

En la jornada expuso Raúl Tavolari, profesor emérito de la unidad académica.

Con una conferencia referida al futuro y desafíos del proceso, la Facultad y Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso dieron el puntapié inicial a las actividades de conmemoración de los 110 años de existencia de la unidad académica, oportunidad en que expuso el profesor emérito Raúl Tavolari.

La jornada fue encabezada por el decano de la Facultad de Derecho, Alberto Balbontín, y el director de la Escuela de Derecho, Claudio Oliva, y en ella participaron la secretaria de la Facultad de Derecho, Inés Robles; la secretaria académica de la Escuela de Derecho, Claudia Cozzani; el presidente del departamento de Derecho Penal, José Luis Guzmán, y la presidenta del departamento de Ciencia General del Derecho, Patricia Reyes.

Palabras de autoridades

En su intervención inicial, el decano Alberto Balbontín indicó que “este nuevo cumpleaños nos encuentra en un momento histórico, donde no solo asistimos a un fenómeno político inédito, que determinará nuestro futuro como chilenos, sino que lo hará con inmediatos efectos en lo que es nuestro directo quehacer profesional. Y, por lo mismo, nos pone un desafío como Escuela de Derecho, cuya misión es formar a los futuros abogados que habrán de trabajar con un instrumental que, probablemente, sea muy distinto a lo que ha sido el producto de la serena evolución jurídica de nuestro país. No se trata de enfrentarnos en un año más a un nuevo texto constitucional solamente, sino que ello deberá ir acompañado de todas las necesarias modificaciones del ordenamiento jurídico que tributará a aquella carta fundamental, a lo que habrá de agregarse, con toda seguridad, una nueva concepción del derecho que regirá en nuestro país, a juzgar por lo que se percibe en el ambiente mayoritario de la convención constitucional”.

“La tarea de jueces, abogados y legisladores no será menor, pues habrán de ajustar su quehacer a un universo normativo y, por qué no decirlo, a una cultura, que para muchos parece inimaginable, pero que deberán afrontar con la calidad y la responsabilidad que en este trance solo puede ser satisfecha por quienes han dedicado su vida a la abogacía. Ello, en beneficio de quienes esperan que sus legítimas aspiraciones de seguridad jurídica, encuentren en el derecho una confiable base de sustento. La función que cumple el derecho en una sociedad, resulta insustituible para conseguir que las personas que la conforman, puedan desplegar con seguridad y confianza, el proyecto de vida que anhelan para ellos y su descendencia”, añadió.

“Es por ello que, por lo que al cumplir los 110 años de existencia, nuestro compromiso con el derecho debe ser fortalecido, pues ni la anarquía ni el voluntarismo político pueden reemplazar la seguridad que nos da el derecho ‘en serio’ y, por tanto, profesores y profesoras tendremos que estar atentos a los cambios que sobrevengan, de modo que podamos ofrecer a nuestros alumnos una formación que les permita enfrentar los desafíos de una sociedad que evoluciona con una velocidad cada vez más vertiginosa, y que impone al derecho una exigencia que parece no resistir bajo las  parsimoniosas prácticas tradicionales. Una sólida formación jurídica y la imaginación para innovar eficaz y eficientemente en la regulación y práctica de las nuevas realidades serán, sin duda, parte de los componentes fundamentales con los que habrán de contar los futuros abogados. Ese es el desafío al que habremos de responder en los próximos años como Escuela de Derecho, y no me cabe duda de que tenemos la capacidad, la voluntad y la decisión para conseguirlo con éxito, tal como lo demuestran los avances experimentados los últimos tres lustros”, cerró.

Por su parte, el director Claudio Oliva aseguró que “es un momento para celebrar y reflexionar sobre nuestro pasado y futuro, y en este caso creo que eso se ve de algún modo facilitado por el hecho de que en nuestra fundación quedaron erigidos los cimientos de nuestra institución. Probablemente hay pocas instituciones en que sus valores fundamentales, aquellos que vale la pena preservar, adaptándolos a cada momento, hayan quedado fijados ya en el momento de su fundación”.

“Nuestra escuela surgió porque, hasta 1911, la única Escuela de Derecho de la región pertenecía a una institución católica. En 1910, un grupo de 19 estudiantes se ese curso de leyes dirigió un telegrama a lo que se llamaba entonces el Centro de Propaganda Radical, apoyando un proyecto de ley que ese partido promovía. Esos estudiantes decidieron retirarse del lugar donde estudiaban, y eso hizo que la opinión pública laica de la ciudad comenzara a demandar con fuerza al gobierno, la creación de un curso fiscal de leyes. Y así se produjo, por decreto del presidente liberal Ramón Barros Luco, en mayo de 1911, la creación del que se llamó Curso de Leyes de Valparaíso, y ahí quedó asentado que nuestro valor central: el pluralismo, la libertad para expresar todo tipo de ideas, el tener una valoración positiva de la diversidad de opiniones. Eso es lo que vale la pena que sigamos manteniendo en el futuro, y lo que nos debe guiar en ese afán. Esta es una escuela sin doctrina oficial, más que la de carecer de doctrina oficial, y de la adhesión a los valores que hacen posible el pluralismo, el que, a la vez, produce como efectos”.

“Destacar que de aquellos 19 estudiantes que enviaron ese telegrama, había uno de apellido Tavolari, el abuelo del profesor Raúl, y que probablemente ese nexo familiar, el haber conocido a uno de nuestros padres fundadores, explique el gran cariño y apego que sin duda el ha mantenido con nuestra escuela, y que agradecemos y valoramos. No es exagerado decir que el profesor Tavolari ha inscrito su nombre dentro de aquellos profesores que en estos 110 años más han contribuido a engrandecer nuestra escuela. Además, es de esos personajes yo diría en peligro de extinción, multifacéticos en su profesión jurídica. Ha sido y es un destacadísimo abogado, incursionando en la judicatura como abogado integrante, ha contribuido muy decisivamente a los más importantes progresos que ha habido en materia procesal en Chile en las últimas décadas, empezando por la todavía llamada Reforma Procesal Penal, y además ha sido y es un gran académico, profesor emérito nuestro, profesor todavía en la Universidad de Chile, que ha producido una obra en materia de derecho procesal muy relevante, mucho más allá de nuestras fronteras”, cerró.

“El futuro del proceso”

En su intervención, el profesor emérito Raúl Tavolari indicó al inicio que “no puedo dejar de compartir mis palabras de agradecimiento por esta formidable ocasión, para expresar mi admiración y afecto a esta escuela, con la cual tengo afectos y vínculos insuperables. A lo largo del siglo XX, hemos tenido con mi familia la fortuna de estar relacionados con la escuela, entonces cómo no sentirme unido a ella, y además con la condición que me otorgaron de profesor emérito”.

Respecto al futuro del proceso, aseguró que éste “nos lleva a perfilar las características de una nueva justicia civil para los días que se vienen. Esto ha generado en toda América Latina un debate con tonos muy semejantes: de un lado se enfrenta una opinión de la cultura jurídica criolla, que pone en guardia frente a cambios que desconocen la relevancia de la tradición, esa que está asentada en las legislaciones española o francesa del siglo XIX, y preciso es reconocerlo, hay junto a este pensamiento razones que han de escucharse y atenderse.Es que el derecho, sabemos todos, no se reemplaza con la facilidad con la que se demuele un edificio y se construye otro. Solo que las modificaciones jurídicas se explican y ganan respaldo cuando apuntan a valores vigentes y respetables. De allí que, en la línea contraria, se afilian quienes buscan, a través de cambios, proteger estos valores, antes menos considerados, o incluso y muy frecuentemente, cautelar esos mismos valores tradicionales, que diferentes factores impiden realzar adecuadamente”.

Los desafíos del proceso del siglo XXI no pueden si no ser los desafíos de la justicia, y en especial los de su humanización, términos con los que es posible coincidir entre todos sin grandes dificultades. Es que, en todos los confines, aún se trate de familias jurídicas muy disímiles, se observan y acogen ciertos fundamentos insustituibles de la actividad procesal que, apuntando a la persona, se remontan a cientos y cientos de años, que se expresaron quizás tímidamente en los recordados términos de la carta magna, que se recogieron en fueros y estatutos de viejos reinos ibéricos, y hoy en nuestra época continúan transitando vigorosamente hacia ideas cada día más comunes y compartidas, ensalzando al hombre y su dignidad. Hacia allá apuntó el colosal movimiento de Mauro Cappelletti de acceso a la justicia, que tan profundamente caló en todos nosotros, particularmente en los procesalistas de los últimos lustros del siglo que se fue, pero también en nuestros maestros latinoamericanos, y esto nos obliga a mirar hacia adelante. La pregunta por el futuro ha acuciado a los hombres desde siempre, y es probable que ella refleje la certeza de la fragilidad humana, el temor ante la fuerza de la naturaleza, la necesidad, la seguridad”, destacó.

Aseguró que preguntarse hoy por el futuro del proceso “no es más que una manifestación de esta misma duda que corroe, porque constituye al propio tiempo demostración de grados de insatisfacción, de ocultos anhelos de mejoría, finalmente de esperanzas de superación. Tras la interrogante, no reposa la simple curiosidad, sino un conjunto de otros sentimientos, algunos de los cuales, como el temor, la duda y la insatisfacción, no ocupan lugares preminentes en la escala axiológica, pero que, en la perspectiva de elementos motivadores de la reflexión jurídica, terminan apuntando a temas de consideración e importancia social. La complejidad de la cuestión propuesta, que es al mismo tiempo su riqueza, consiste en que en procura respuestas idóneas, debería el operador pasar revista a todas las relevantes materias que han venido ocupando a la dogmática procesal por siglos, ímproba tarea que difícilmente se pueda cometer con éxito, entre otras razones, por las propias limitaciones personales.  Pero de lo que se trata es de lograr acuerdos, y hemos de intentar convenir en las vías jurisdiccionales. Esto es, en los caminos para arribar a la justicia, actividad a la que el proceso sirve instrumentalmente, y esto impone determinar muchos aspectos: roles de protagonistas, modalidades de regulación, actuación e interrelación de institutos procesales, en fin, la justicia”.  

“A estas alturas, casi constituye un lugar común reiterar lo que inquietara al talento visionario de Couture, más de medio siglo atrás. Convenimos hoy con él, en que toda reflexión sobre el proceso que viene, para por la determinación del modo como él, se sujetará a los parámetros constitucionales, e incluso supranacionales. El proceso de actualización constitucional que han vivido nuestros países a lo largo de los últimos decenios, está fuertemente caracterizado por una incursión detallada en el terreno de las garantías y derechos, que se reconocen y dispensan a las personas. Hoy en Chile, aunque nos azota un sesgo de comprensible inquietud, miramos con esperanza lo que ocurrirá con la redacción de una nueva carta política”, cerró.

El registro completo de la actividad se puede revisar acá: https://bit.ly/2V8Q65z

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